Inversores de Silicon Valley se fijan en la industria agrícola

Los inversores encargados de la financiación de las grandes firmas que componen Silicon Valley han empezado a fijarse en las nuevas tecnologías que auguran un cambio sustancial en la manera en la que se cultivan, transportan y venden los alimentos derivados de la agricultura. El dinero que se ha invertido en nuevas empresas alimentarias en los Estados Unidos es limitado, principalmente, si lo comparamos con lo que captan las firmas de Internet. Sin embargo, las inversiones de capital de riesgo en el sector agrícola y alimentario, se dispararon en un 54% durante el pasado año, llegando a alcanzar los 486 millones de dólares, tal y como se registra en Dow Jones VentureSource.

 

Una serie de grupos agroindustriales han lanzado al mercado filiales de capital de riesgo y algunos gestores de inversión han recaudado fondos que serán destinados para las tecnologías orientadas a la agricultura y a los alimentos. Poniendo como ejemplo a la empresa de capital riesgo de Nueva York, Paine & Partners, consiguió en enero 893 millones de dólares que serán destinados para su inversión en áreas de producción de proteínas y seguridad alimentaria, según ha informado el director general de la compañía, Kevin Schwartz. El diario digital El Economista afirma que “el motor de este tipo de inversiones es la combinación de una tecnología inalámbrica barata, mejores herramientas de recolección de datos y de monitoreo de cultivos, además de una generación de emprendedores jóvenes que quieren responder a las nuevas demandas del mercado y alimentar a la creciente población mundial”.

 

Por otro lado se encuentran los consumidores, que cada vez analizan más el contenido de los alimentos que van a adquirir, lo que se traduce en un aumento de la transparencia de las cadenas de suministro de las empresas encargadas de la producción de este tipo de productos.

 

Dado que no se ha aumentado la cantidad de tierras dedicadas al cultivo en los Estados Unidos, los emprendedores están tratando de trasladar la agricultura a las ciudades. En este sentido, Todd Dagres, uno de los socios de Spark Capital, empresa de capital de riesgo que lideró durante el pasado mes de diciembre una ronda de financiación de 3,7 millones de dólares para Freight Farms Inc, ha afirmado que “estamos tratando de crear una nueva legión de agricultores urbanos”. La mencionada Freight Farms ha reacondicionado contenedores navieros con luces led, sensores y sistemas hidropónicos, para producir lechugas y otras verduras; estos contenedores son capaces de producir unas 500 lechugas por semana durante todo el año, sin importar el clima, ya que son capaces de mantener la producción incluso en zonas tan frías como Canadá. Su director ejecutivo y cofundador, Brad Mcnamara, señaló que estos contenedores cuestan 76.000 dólares cada uno y que no necesitan el uso de pesticidas.

 

Espero que esta información haya sido interesante para vosotros.

 

Un saludo,

Iván Bedia García

 

Fuente: eleconomista.es

¿Por qué prestar dinero, habiendo que pagar por hacerlo?

La base de la teoría financiera se encuentra establecida en la siguiente afirmación: ‘el valor temporal del dinero’. Esta premisa se centra en la idea de que los individuos prefieren el consumo de hoy, frente al que pudiera ocurrir en un futuro incierto. Como suele pasar habitualmente, la teoría muchas veces entra en disputa directa con la práctica y es precisamente esto lo que está ocurriendo en nuestros días; puesto que no se está dando el clásico escenario de tipos de interés consolidados a cero y, por lo tanto, los prestamistas son los que tienen que pagar para prestar el dinero.

 

Recordemos que durante este último año, en Europa han aumentado los bonos con rentabilidad negativa; debido a esto se plantea la siguiente pregunta, ¿por qué prestar dinero si hay que pagar por hacerlo? Pues bien, existen varias razones: los rendimientos negativos pueden tener sentido si se espera un descenso importante de los precios; con la deflación, los rendimientos reales (o los ajustados a la inflación) podrían ser positivos, incluso si las rentabilidades nominales son negativas; y, además, el rendimiento podría ser aún más negativo, lo que significaría un aporte potencial de ganancias para los que están dispuestos a vender antes de su vencimiento.

 

Esta última situación podría existir si el Banco Central Europeo (BCE) encontrase suficientes bonos para su compra, con el objetivo de cumplir con la cuota de 60.000 millones de euros de la QE. Hoy en día, el crecimiento de Europa es lento y la inflación baja y si eso se une a que la compra masiva de bonos de la autoridad monetaria continuará durante los siguientes 18 meses aproximadamente; se traduciría en un régimen persistente de rentabilidad negativa para los inversores. Entonces, ¿cómo se gestiona el panorama? El experto Russ Koesterich, nos lo explica:

 

-       Si la rentabilidad de los bonos americanos continúa siendo tan baja, a pesar de que la economía se esté recuperando y de que la Reserva Federal (Fed) se esté preparando para la subida de tipos; significa que los bonos están siendo atractivos para los inversores en Europa y Japón.

 

-       Por otro lado, un dólar fuerte también contribuye en hacer atractivas las inversiones en los bonos estadounidenses.

 

-      Si nos centramos en el caso de la renta variable, en contraste, conviene ser cautos en los Estados Unidos, considerando que las acciones que generan ingresos en Europa, poseen una ventaja natural.

 

De este modo, nuestro experto concluye afirmando que “durante los últimos seis años, hemos vivido un no parar de adivinanzas sobre hasta dónde caerán los tipos. La mayoría de nosotros pensábamos que había un suelo. Resulta que estábamos equivocados”.

 

Espero que este artículo haya sido de vuestro interés.

 

Saludos cordiales,

Iván Bedia García

 

Fuente: bolsamania.com

Incentivaciones fiscales para la inversión en startups

Países como Francia o el Reino Unido incentivan las inversiones de particulares en startups desde hace ya algún tiempo; en España, a partir del año 2011, la fiscalidad de nuestro país prevé que los inversores en empresas recientes, las denominadas startups, obtengan una serie de deducciones fiscales en la declaración de la renta. Éstas significan una reducción del 20% sobre el capital invertido y que incluso podrían incrementarse hasta un 30%, dependiendo de la Comunidad Autónoma en la que se encuentren.

 

En contraste a lo que ocurre con los planes de pensiones, cuya función en este sentido es deducir la inversión a la base imponible del impuesto, las inversiones en empresas de menos de 3 años de vida o de reciente creación poseen una deducción directa sobre la cuota total a pagar en el IRPF del trabajo. Esto significa que una misma inversión en startups proporciona a los inversores un ahorro fiscal superior, si lo comparamos con las aportaciones de cantidades equivalentes en un plan de pensiones. De todas formas, cabe resaltar, que dichas deducciones se encuentran limitadas a 10.000 euros por año y por depositario; sin embargo existen una serie de desgravaciones autonómicas complementarias, que pueden significar una deducción de hasta 16.000 euros (como máximo e incluyendo las estatales).

 

Con el objetivo de incentivar las inversiones en startups, algunas Comunidades Autónomas aplican desde el pasado año 2009, un conjunto de deducciones fiscales sobre la parte autonómica del IRPF. Para ser beneficiarios de dichas deducciones es necesario que el inversor resida, fiscalmente hablando, en el mismo lugar que la empresa invertida. Además, aquellos inversores que generen dividendos de capital con sus inversiones en empresas de reciente creación, van a estar exentos de tributar por dichas ganancias a la hora de su desinversión, siempre que los citados beneficios sean reinvertidos en el mismo tipo de empresa. Un bucle que daría lugar de nuevo, a los incentivos por inversión mencionados.

 

Para entender mejor el mecanismo del proceso descrito, el diario eleconomista.es establece un ejemplo práctico que facilitará su comprensión: “un inversor invierte en cuatro empresas de reciente creación -A, B, C y D- con una aportación de 1.000? en cada una de ellas. Con ello, el inversor accede a los incentivos fiscales a la inversión en empresas de reciente creación, lo cual le genera una reducción fiscal de entre el 20 y el 30% sobre el capital invertido, es decir, de entre 800 y 1.200?, respectivamente. Con el paso del tiempo, las empresas A, B y C reducen su valor a 0?; si bien el inversor habrá perdido los 1.000 euros invertidos en cada una de ellas, esta pérdida le generará un activo fiscal que podrá usar durante los cuatro años siguientes para compensar estas pérdidas con ganancias en otras empresas. Durante este mismo período de cuatro años, la empresa D aumenta su valor hasta 5.000?, multiplicando por cinco la inversión inicial. En este supuesto, y a la hora de hacer la declaración de la renta, los primeros 1.000? de beneficio obtenido en la empresa D estarán exentos de impuestos, porque forman parte del capital invertido. El inversor tampoco pagará impuestos por ganancias de capital por el segundo tramo, de 1.001? a 4.000?, puesto que podrá compensar las pérdidas que sufrió en las empresas A, B y C, y que en total sumaban 3.000?. Finalmente, el inversor podrá ahorrarse los impuestos por los últimos 1.000? si los reinvierte en otras empresas de reciente creación”.

 

Espero que esta información sea de vuestra utilidad e interés y que sirva como incentivo para la inversión en nuevas startups, favoreciendo así, el emprendimiento.

 

Un saludo,

Iván Bedia García

 

Fuente: eleconomista.es