Una nueva realidad en la que los inversores pagan por prestar dinero

“Hubo un tiempo en el que la creencia popular sostenía que los tipos de interés no podían ser negativos. Después de todo, ¿por qué iba alguien a estar deseando prestar a otra persona y pagarle encima por el favor? Pues eso es exactamente lo que está sucediendo”. El economista jefe de Morgan Stanley, Joachim Fels, intentaba explicar en una nota a clientes la nueva realidad, en la que los bancos centrales se están adentrando en terrenos inexplorados con tipos de interés próximos al 0% o incluso por debajo y cómo eso está modificando el comportamiento de los inversores.

Lo que hasta hace poco parecía imposible es hoy una realidad cada vez más común. Más de un 25% de las emisiones de deuda en Europa ya están cotizando en zona negativa y en las últimas semanas Nestlé ha lanzado una emisión a tipos negativos y temporalmente la deuda de Shell también entró en esa zona. “El programa de compra de deuda del BCE se limita a la deuda pública pero es una compra tan masiva que arrastra al sector corporativo, porque hay una parte de la cotización que incluye el riesgo soberano”, explica Marian Fernández, analista de Andbank. El Banco de Suecia paga a los bancos por prestarles dinero y Suiza y Dinamarca cobran un 0,75% por tener depósitos en sus sistemas financieros. Los tipos negativos de la deuda de Dinamarca y Alemania alcanza hasta los bonos a seis años y los de 13 en el caso de Suiza.

La creencia popular también hacía pensar que había un límite para los tipos de interés, en el convencimiento de que cuando estos se situaran en el 0% los ahorradores sacarían su dinero de los bancos y lo meterían debajo del colchón. Durante años, los economistas han sostenido que el límite real estaba por debajo de ese nivel, dado el coste de acaparar grandes sumas de efectivo. Pero esa situación se agrava ahora que la inflación ha entrado en zona negativa, ya que eso eleva los tipos de interés reales. “Y no hay evidencia de que los tipos de interés negativos hayan provocado, hasta la fecha, una retirada masiva de depósitos de los sistemas financieros en los que sus bancos centrales están aplicando tipos negativos”, aseguran los analistas de Goldman Sachs.

Los planes de expansión cuantitativa han provocado una distorsión tremenda del mercado de deuda, tanto que “ya estamos viendo que hay una burbuja en los mercados de renta fija”, asegura José Ramón Iturriaga, socio de Abante Asesores. De hecho, desde el inicio de la crisis la deuda mundial acumula un crecimiento del 42%, al pasar de 142 a 199 billones de dólares, un 286% del PIB mundial, según un informe elaborado por McKinsey. “Las medidas de expansión cuantitativa y los tipos cero suponen un enorme riesgo para la estabilidad financiera, dado que los mercados se inflan excesivamente y solo estallan al perder la fe en la política de los bancos centrales”, advierte Gonzalo Recarte, gestor de Carteras de Saxo Bank España.

Joachim Fels encuentra dos motivos que podrían llevar a un inversor a comprar bonos con rentabilidad negativa. “Puede ser una especie de seguro contra crisis financieras y otras calamidades que puedan afectar a los activos de riesgo de mi cartera o a las perspectivas de empleo”, apunta. “Y puede que los inversores valoren el ahorro ante la jubilación en lugar de priorizar el consumo de hoy”, remata.

Lo cierto es que la mayoría de los inversores en deuda con rentabilidad negativa son inversores institucionales, a quienes les compensa prestar dinero a Nestlé a tipos negativos, si mantener el dinero en el banco central tiene un coste aún mayor para la empresa. El Banco Central Europeo (BCE) cobra el 0,20% por esa operación, por ejemplo.