“Debemos revertir las políticas de la austeridad”

“Debemos revertir las políticas
de la austeridad”

¿Un conservador estadounidense —próximo al Partido Republicano y defensor apasionado del capitalismo de libre empresa— elogiando a Podemos? “Cuando escucho a Pablo Iglesias, durante los primeros cinco minutos del discurso pienso que tiene razón”, dice Arthur Brooks, presidente del American Enterprise Institute (AEI), el laboratorio de ideas de referencia de la derecha de Estados Unidos. Pero solo son los cinco primeros minutos: después la cosa cambia.

Brooks (Spokane, 1964) es uno de los mejores conocedores de España en el Washington político y académico. Vivió de joven en Barcelona, donde fue músico en la Orquesta Ciudad de Barcelona. Se casó con una catalana. Bautizó a sus hijos allí. Conjuga un americanismo a ultranza con un conocimiento detallado de la realidad europea. Esta semana, entre el martes y el viernes, viaja a Barcelona y Madrid para pronunciar conferencias y reunirse con políticos y empresarios.

“¿Cuál es el problema europeo?”, se pregunta en una entrevista con EL PAÍS en su despacho en la sede del AEI. Por aquí han desfilado desde los principales presidenciables republicanos a las elecciones de 2016 hasta el expresidente español José María Aznar y el conseller catalán Andreu Mas-Colell. En la pared cuelga un cartel taurino de José Tomás en La Monumental de Barcelona.

“Cuando miro el programa de Podemos, cuando veo a Pablo Iglesias, que es un tipo realmente listo e interesante, cuando miro a Syriza y Alexis Tsipras, me digo que, al hablar de austeridad, tienen razón. La austeridad es un error y es evitable”, dice. “Estoy de acuerdo en que, para salir de este problema que ahora tenemos, debemos revertir las políticas de austeridad. Pero, ¿qué problema condujo a las políticas de austeridad?”.

“Obama ha fracasado. Ha hecho más ricos a los ricos y más pobres a los pobres”

Aquí llegan las diferencias con Iglesias y Tsipras. Lo que le ocurre a Brooks pasados cinco minutos del discurso de Iglesias. “Todo lo que hay que entender”, dice, “es que las economías periféricas de Europa consumieron un 10% más de lo que producían durante 10 años, y después tuvieron que pagarlo. En España fue en gran parte por la deuda privada, a través del mercado inmobiliario; en Grecia, porque casi todo el mundo trabaja para el Estado”.

“El motivo real de la austeridad”, continúa, “no es solo que los alemanes sean unos malvados y que los políticos sean estúpidos, sino que nos hemos quedado sin dinero. Si lo gastamos en cosas estúpidas, no puedes gastarlo en cosas importantes. Y la cosa más importante que debe hacer un Estado es proveer una red de seguridad para los que de verdad son pobres”.

La nueva derecha de Brooks y otros economistas e intelectuales aspira a disputarle el terreno a la izquierda. Sostiene que las fórmulas de la izquierda tradicional —las políticas redistributivas y los programas sociales— no han sacado a los pobres de la pobreza ni han atenuado las desigualdades. Al contrario. “Obama ha fracasado. ¿Cómo?”, se pregunta. “No porque el crecimiento económico no haya llegado, sino porque ha hecho más ricos a los ricos y más pobres a los pobres”.

Brooks se ha esforzado por introducir en el vocabulario de la derecha de EE UU palabras como pobreza o desigualdad, hasta ahora monopolio del Partido Demócrata. El Partido Republicano asume el nuevo discurso: quiere deshacerse de la reputación de ser un Robin Hood a la inversa, el que quita dinero a los pobres para repartirlo a los ricos.

“Cuando ves que la red de protección social se recorta en una cuarta parte, que en todo el sur de Europa el acceso al sistema sanitario se denigra, que los suicidios entre los pobres han aumentado en un 25%, te das cuenta del coste real de la austeridad”, dice. Pero insiste: el motivo de la austeridad no es solo la mala política, sino “la insolvencia, que es resultado de un Estado corpulento y fuera de control”.

El perfil de Brooks es muy estadounidense: con una ideología marcada —en el AEI, que él preside, se fraguó la revolución reaganiana y albergó a los neoconservadores que alentaron la invasión de Irak—, pero independiente. No milita en ningún partido. Y, aunque hace bandera de su catolicismo, no se cierra a otras ideas y religiones. Con sus diálogos en Washington con líderes espirituales como el Dalái Lama o el gurú Sri Sri Ravi Shankar, ha intentado insuflar una dimensión espiritual y oriental —casi hippy, o new age— a la materialista derecha de su país.

Sus recetas se resumen menos en fórmulas matemáticas que en valores como la familia, la religión, el trabajo. La suya es una derecha nueva y antigua.

“La cura no es más socialdemocracia, porque esto pondrá todavía más difíciles las cosas a los pobres para acceder a las oportunidades”, concluye. “La cura quizá se impuso incorrectamente, pero no por falta de socialismo sino por un exceso de socialismo, que llevó a la bancarrota. Lo que necesitamos, en Estados Unidos y en Europa, es evitar la austeridad en el futuro”.

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