El euro marca mínimos en 11 años a días de saber si el BCE compra deuda

Los servicios de estudios de grandes bancos internacionales publican un día sí y otro también análisis sobre la posibilidad de que el Banco Central Europeo (BCE) anuncie la próxima semana una masiva compra de deuda pública con el objetivo de reactivar la economía y alejar el riesgo de una deflación nociva. Para estos economistas, sin embargo, la decisión del BCE no es una posibilidad, sino una certeza. Y no trabajan para cualquiera: los bancos de inversión son jugadores destacados en el mercado de divisas. La cotización del euro reflejó ayer a las claras la expectativa de los inversores: al cierre de las Bolsas europeas se intercambiaba a 1,15 dólares, el nivel más bajo desde finales de 2003.

El euro rondaba los 1,4 dólares a mediados del año pasado, cuando empezó a ser patente la divergencia de la política monetaria con la Reserva Federal (Fed): con la economía de EE UU creciendo al 3%, la Fed retiraba su programa de compra de bonos, públicos y privados y empezó a apuntar a una subida de tipos, que los inversores esperan para este año. Por su parte, el BCE afrontaba un escenario de crecimiento estancado, con la inflación cada vez más lejos de su objetivo (2%). De modo que llegó al 0% de interés y empezó a plantearse la compra masiva de deuda, cinco años después de que lo hiciera la Reserva Federal.

El contraste entre un banco central que retira liquidez (en dólares) y otro que busca como ampliarla (en euros), entre una economía que se recupera y otra que apenas sale del deshielo ha alimentado estos meses la depreciación del euro, que ya solo compraba 1,2 dólares en el paso de 2014 a 2015. Y esta última semana, antesala de la decisión del BCE, la tendencia a la baja se ha alimentado: si el lunes abría por encima de 1,18 dólares, ayer se quedaba en los 1,15, un nivel ya inferior al primer valor al que se fijó el tipo de cambio en 1999 (1,1667 dólares), cuando el euro echó a andar.

“Finalmente, aquí viene el programa de compra de deuda pública del BCE”, afirmaba, en un informe difundido ayer, Gilles Moëc, especialista para Europa del equipo de investigación de Bank of America, para el que la próxima semana —que culmina el domingo con las elecciones griegas— cotiza para ser considerada “la más importante del año” por los inversores europeos. “La decisión se tomará en el Consejo de Gobierno del BCE con una mayoría holgada”, coreaban en otro análisis los expertos de Citigroup.

En esta última semana se han sucedido los hechos en favor de que el supervisor del euro se decida ya el próximo jueves. El abogado del Tribunal de la UE, en un dictamen previo que los magistrados suelen tener muy en cuenta, dio luz verde a la compra de deuda pública por el BCE, una cuestión muy polémica en Alemania, cuyo Tribunal Constitucional había activado el proceso. Un día después, el Banco Nacional de Suiza, tomaba una decisión radical, al dejar de controlar el tipo de cambio del franco, fijado en 1,2 euros hace tres años para evitar una apreciación excesiva. El banco central helvético optó por dejar de acumular reservas en euros ante la posibilidad de que la intervención del BCE devalúe aún más su valor.

El movimiento del BSN fue tomado por los inversores como un argumento más que apuntala la idea de que la decisión del BCE es inminente, y siguió enfriando ayer el valor del euro. Además, la agencia estadística de Bruselas corroboró por la mañana lo adelantado dos semanas antes: una caída del 0,2% en los precios de la eurozona. Eurostat detalló que las tasas negativas al cierre de 2014 se extienden por 11 de los 18 países que conformaban el área monetaria —Lituania se acaba de sumar al grupo— el año pasado. Y que, aunque el desplome del petróleo marca el paso, el índice subyacente (excluida energía y alimentos frescos) cerró con un alza del 0,7% anual, la más baja de la era euro.

Por si no era suficiente, Benoit Coeuré, miembro del comité ejecutivo del BCE, que preside Mario Draghi, en sendas entrevistas al periódico francés Liberation y al Irish Times, afirmó que la “posibilidad de una deflación es suficientemente peligrosa como para preocuparse por ella”, y que un eventual programa de compra de deuda “para ser eficaz, tiene que ser grande”.

La última, y quizás definitiva, pista sobre la decisión del BCE viene de Berlín. Der Spiegel, el mismo que informó de la presunta aquiescencia del Gobierno alemán a que Grecia salga del euro, adelantó ayer que Draghi habría explicado a la canciller alemana, Angela Merkel, los límites del programa de compra de deuda: ese planteamiento incluyó, según el semanario alemán, la opción de que cada banco central compre solo títulos de su país y un tope del 25% del volumen de deuda en circulación.

La cuestión, pues, ya no está en el qué —la compra de deuda—, sino en el cómo. Aunque ese cómo determinará hasta donde llega la depreciación del euro y si la esperada intervención del BCE logra el objetivo de reactivar el crédito, la actividad económica y los precios.