¿El mejor destino del ahorro? Un Ferrari

¿El mejor destino del ahorro? Un Ferrari

El dinero es como un escalador, se aferra a cualquier saliente para evitar el precipicio. Que ha sido un mal año para el oro, la plata o las materias primas; da igual. Siempre quedará el vino, las monedas, los relojes, las joyas, la arqueología, las armas antiguas, los cómics o los coches clásicos. En este mundo un Ferrari puede ser la inversión más rentable del año y una botella de borgoña un seguro de vida. Los expertos las llaman “inversiones pasionales” y como la montaña, tienen riesgos. Son activos pocos líquidos, vendidos en mercados estrechos —donde el mecanismo de formación de precios es incierto— y que exigen un conocimiento profundo. Incluso cotiza un intangible: la nostalgia. Sucede en los tebeos y en la memorabilia. Ambos disfrutan su particular música.

“El mundo siempre dará la bienvenida a los amantes / A medida que pasa el tiempo”. La voz de Sam (Dooley Wilson), en el mítico piano de la película Casablanca (1942), narraba una historia de amores contrariados. Quién se hubiera imaginado que en noviembre pasado esas teclas negras y blancas se venderían por 3,4 millones de dólares (2,8 millones de euros). Un precio estratosférico sí pensamos que “normalmente ese piano puede costar unos cientos de dólares”, apunta Julian Roup, director de marketing de Bonhams, la casa de pujas que adjudicó el instrumento. Pero es tal la pasión que se vive por la memorabilia que alcanza lo psicológico.

George E. Newman, profesor de Ciencia Cognitiva en la Universidad de Yale (Estados Unidos), ha estudiado las subastas de efectos personales de Marilyn Monroe y John F. Kennedy y ha descubierto que el valor económico está relacionado con las veces que esos objetos han sido tocados por ambos mitos. ¿La razón? “La gente cree que parte de la esencia de la celebrity se contagia al objeto”, relata Newman a través del correo electrónico. Algo similar sucede con los cómics. Hay que fijarse en lo inasible, o sea, la nostalgia, para entender que alguien destine 3,2 millones de dólares (2,6 millones de euros) al primer tebeo (Action Comics Nº. 1; 1938) en el que aparece Superman. Hablamos de “coleccionistas, generalmente hombres, con ingresos suficientes como para adquirir los cómics que eran populares en su adolescencia y que entonces no podían permitirse”, observa Cristiano Bierrenbach, vicepresidente de la casa de subastas Heritage Auctions.

Arte africano y arqueología

Frente al ruido del mercado del arte contemporáneo, la quietud de la arqueología y el arte antiguo africano. Son dos mundos poco conocidos, pero con coleccionistas e inversores potentes. En noviembre pasado un particular pagaba en Sotheby's Nueva York 12 millones de dólares (9,8 millones de euros) por una rarísima (solo se conocen cinco obras de este tipo) estatua femenina Senufo (Costa de Marfil). Era el récord mundial para una escultura africana antigua. Tallada por un artista conocido como el Maestro de Sikasso demuestra que en este "mercado no existe riesgo de desplome del precio de una obra como sí ocurre en el arte contemporáneo", explica Ángel Martín, galerista, quien lleva 25 años en el negocio. Ahora bien, es un espacio pequeño (60 galerías en el mundo) y con una liquidez reducida, al igual que sucede con la arqueología. Ambas también comparten la escasez de la oferta. Desde hace años está prohibido sacar piezas de los países de origen y esto conduce a un mercado "estable" y "menos fluctuante que, por ejemplo, el del arte", resume la experta en arqueología Elisenda Barbié. Aquí manda la calidad de la obra, su origen y el estado de conservación. 

Esta peculiar revancha de la vida deja situaciones curiosas. La consultora inmobiliaria Knight Frank ha analizado la rentabilidad de invertir en arte, vino, monedas, sellos, relojes, joyas, mobiliario antiguo y cerámicas chinas. “Inversiones pasionales”, dice. El resultado es sorprendente. La inversión más provechosa fueron los coches clásicos de colección. Entre junio de 2013 y el mismo mes de 2014 se revalorizaron un 25%. Sobre todo una marca: Ferrari. En agosto de 2014 un particular pagó en la sala Bonhams de California 38,1 millones de dólares (31,2 millones de euros) por un modelo 250 GTO de 1962 de la firma italiana. La cifra más alta lograda nunca para un coche en subasta. Aunque tampoco hace falta ser millonario. “A partir de 30.000 euros es posible encontrar coches en los que invertir”, sostiene Gerardo Cabañas, director general del portal de venta de automóviles de ocasión AutoScout 24. Eso sí, hay que restaurarlos (mejor con piezas originales), conservarlos e incluso hacerles kilómetros de vez en cuando. Además, es un mercado reducido, donde solo los grandes nombres (Porche, Mercedes, Aston Martin y Ferrari) parecen encontrar salida.

A la búsqueda de otros horizontes nada como contemplar las viñas. Aquí, un gran cambio: los vinos de Borgoña han sustituido a los burdeos (muy afectados por la caída del mercado chino) como destino del capital. Según la base de datos de wine-searcher.com, tres cuartas partes de las cincuenta botellas más caras del mundo proceden de Borgoña. Encabezando la lista y con un precio medio de 13.000 dólares (10.600 euros) por botella Romanée-Conti Grand Cru. El ferrari de los vinos y la inversión. “Los que compraron borgoñas hace unos siete años son quienes han ganado más dinero”, refrenda el enólogo Telmo Rodríguez. Pero el vino como inversión es difícil por su paradójica falta de liquidez y las necesidades de guarda. Aun así, Mariano García, uno de los grandes de las vides en España (Mauro, Terreus), da algunas pistas y varios lugares. Su consejo es “comprar anticipadamente botellas de añadas con expectativa de grandeza elaboradas por bodegas históricas que tengan prestigio y tradición en el mundo de las subastas”. Aunque también vale otra estrategia. “Elaboradores más modernos de extraordinaria calidad y producciones limitadas”, dice García. ¿Algo más concreto? Vega Sicilia Reserva Especial (Ribera del Duero), Roberto Voerzio La Serra (Barolo), François Raveneau Les Clos (Chablis), Graham's Vintage Port (Oporto) y Clos de Tart (Borgoña).

Tal vez la otra cara del vino en términos de liquidez sean las monedas raras. “De largo es el mercado más líquido de todos y ha vivido un tremendo crecimiento en la última década”, describe Cristiano Bierrenbach, de Heritage Auctions. El Stanley Gibbons 200 —el principal índice que mide su comportamiento— se revalorizó un 10% entre junio de 2014 e idéntico mes de 2013. Es más. En mayo pasado la casa Baldwins vendió un Soberano de oro de Eduardo VIII de 1937 por 516.000 libras (650.000 euros). La cantidad más alta pagada nunca en subasta por una moneda británica. Otro récord, este mundial, llegó en mayo de 2014. Un particular desembolsó 9,48 millones de dólares en Sotheby's Nueva York por un sello de la Guayana Británica de 1 centavo negro sobre magenta de 1856. Pero eso ocurre fuera. En España, la inversión en filatelia todavía arrastra la desconfianza transmitida por los fiascos de Forum Filatélico y Afinsa. Por lo que las estampillas han vuelto a ser lo que fueron: un pasatiempo de plaza mayor, domingo por la mañana y familia.

Otra recuperación la protagonizan —en tiempos de avalancha digital— los libros raros y tiradas originales. “Una primera edición de un libro clásico es algo casi mágico”, reflexiona Cristiano Bierrenbach. “Hay un tremendo apetito por ellos”. Un papel distinto —aunque también despierta el interés del dinero— es el de los póster de cine. A finales de noviembre, Heritage Auctions remataba por 478.000 dólares (390.000 euros) el único afiche que existe de la película de terror —hoy perdida— London After Mignight (Metro-Goldwyn-Mayer, 1927). Récord mundial en esa categoría.

El dinero, como la noche, se mueve incluso a lugares tan insospechados como las armas antiguas. Christie's vendió a mediados de mes por más de 200.000 libras (250.000 euros) 31 escopetas de caza pertenecientes a Alfonso XIII (abuelo de Don Juan Carlos). En este mundo, la clave es acertar con las matemáticas. Armas de gran calidad y en buen estado. “Si a esta ecuación le añades procedencia o rareza, el resultado final puede ser espectacular”, zanja Howard Dixon, especialista en esta materia de Christie's.