Los carburantes aceleran la caída de precios en diciembre con un 1,1%

Los carburantes aceleran la caída de precios en diciembre con un 1,1%

El abaratamiento de las gasolinas en España no ha sido tan intenso como el del petróleo, pero sí ha resultado suficiente para arrastrar el índice que mide la evolución general de los precios. Según el avance que publicó este martes el INE, el IPC aceleró su caída en el tramo final del ejercicio con un recorte del 1,1% en tasa interanual. Este descenso no tiene precedentes para un mes de diciembre en el último medio siglo, según la serie histórica de la oficina de estadística.

El INE atribuyó el salto del IPC frente al balance de noviembre, un mes que acabó con una tasa negativa del 0,4%, “a la bajada de los precios de los carburantes (gasóleo y gasolina), frente a la subida de 2013”. Si la oficina de estadística confirma el dato avanzado este martes dentro de dos semanas, cuando publicará los detalles del índice, la media anual de 2014 arrojará un recorte del 0,15%. La cifra representa el mayor descenso desde 2009, cuando España sufrió el que hasta ahora era el periodo más intenso de caída de precios.

Sin embargo, pese a que con diciembre ya van seis meses de tasas negativas del IPC, los expertos siguen descartando que España haya entrado en deflación, aunque según a quien se pregunte los riesgos persisten. “En sentido semántico, es posible, pero según la teoría económica, no estamos en deflación”, declara Ángel Laborda, el director de coyuntura de Funcas, la fundación de las cajas de ahorro.

“El IPC está en tasas negativas por los productos energéticos, porque algo que compramos fuera como el petróleo ha bajad”, añade antes de defender que el país está ante una “deflación importada”.

Los bienes que produce la economía española, argumenta, no bajan y hasta que el abaratamiento de la energía no se extienda a los bienes que se producen en el interior del país no se podrá hablar de deflación. Para ello, recuerda Laborda, los precios deben bajar tanto como para motivar a las familias a retraer gastos y forzar a las empresas a rebajar la producción. Más bien al contrario: “Es un regalo”, afirma este economista en referencia al hecho de que, en la medida en que los consumidores pagan menos por la gasolina, aumentan sus rentas y liberan recursos que se pueden destinar a otras cosas.

En cuanto a las empresas, si bien las sociedades van a aumentar sus márgenes gracias al abaratamiento de la energía, Laborda duda de que vayan a trasladarlo a sus precios o a los salarios que paga a sus trabajadores. En lugar de ello, lo más probable es que lo destinen a reducir deuda.

“A España le va a venir bien el descenso del IPC ya que los costes más baratos de la energía van a ayudar tanto a los consumidores como a las empresas al reducir costes de producción”, coincide el economista José Ignacio Conde Ruiz.

José Luis Martínez Campuzano, estratega de Citigroup en España, se encuentra menos cómodo con este escenario de IPC bajo mínimos, aunque también descarta la deflación. Al menos, de momento, ya que advierte de que persisten los riesgos que llevaron al FMI a alertar hace unos meses del peligro de que España cayese en una espiral de caída generalizada y sostenida de los precios. Sin embargo, en opinión de Campuzano, países vecinos como Italia, Francia o incluso Portugal tienen ahora más posibilidades de sufrir un fenómeno que, en cualquier caso, solo ha padecido Japón entre las economías desarrolladas.

“Es pronto para aventurarlo y no es lo más previsible, pero eso no significa que no haya riesgos”, opina este analista, que pone de relieve que el origen de la caída del IPC está en un choque entre la demanda y la oferta de petróleo a nivel internacional.

Para 2015, las previsiones del Gobierno apuntan a que la inflación acabará el ejercicio con una media del 0,6%, aunque esta proyección está basada en un precio del barril de crudo muy superior al actual con 79,5 euros.

Por este motivo y ante la posibilidad de que el IPC no remonte a medio plazo, Emilio Ontiveros, presidente de AFI y catedrático de Economía de Empresa en la UAM, reclama al BCE que deje de “marear la perdiz” y que dé señales de que va a poner en marcha la compra masiva de deuda antes de su próxima reunión del 22 de enero. Y aunque reconoce que se puede debatir sobre si el país está o no en deflación, califica de “inquietante” la concatenación de tantos meses en negativo.